
EL DISCURSO DEL NUEVO BLOQUE DE IZQUIERDA
Freddy Pando Villalta, Santa Cruz
Convendrá titular así este texto, para indicar que se trata de una suerte de sobre-comentario al hecho por el honorable César Navarro publicado en Pulso del 27/VII al 2/VIII. Esta ¿respuesta? se la estaba haciendo desprevenido, desconociendo, en el trámite de la lectura del artículo “El nuevo bloque de derecha”, que éste había sido escrito por un diputado del MAS. Se leyó, se decía, de manera desprevenida, pero a la vez, o por eso mismo, menos contaminado por el origen político del autor, de tal manera que aquí se pretende, modestamente y como ciudadano cruceño común y corriente, sin ligaciones políticas, enviar esta nota dirigiéndola al honorable, para indicarle que se equivoca (y bastante) en su descripción de lo que él considera a la derecha (personalmente irrelevante, como saludable nihilista que uno puede ser), pero más que todo, por el rol que le asigna a Santa Cruz en su análisis. Incomoda que se escriba “de memoria” y sin conocer realmente lo que sucede en esto llanos, ni lo que verdaderamente sentimos la gran mayoría de los cruceños. Y molesta por lo peligroso, pues don César Navarro lo dice recurriendo a sofismas, con un ejercicio de lógica que para cualquiera (más desprevenido) es creíble. ¡Y nada más peligroso que la distorsión de la realidad en momentos en que más claridad y objetividad necesitamos los bolivianos!
Justamente por el desconocimiento del origen del autor, esta ¿respuesta? había comenzado imaginando que el artículo se había elaborado sin mala voluntad y que, por lo tanto, merecía una aclaración post data que pudiera hacer reflexionar mejor al autor y a los lectores que posiblemente hayan coincidido con su contenido. Si bien el objetivo de fondo de esta nota es el mismo, saber que el articulista era un representante del partido de gobierno convertía a la aspiración en algo ya demasiado modesto: a los políticos actuales se les debe exigir más cuidado con lo que dicen y al honorable Navarro, no escribir de memoria y por consigna.
No es incorrecta la descripción que menciona sobre la “rearticulación de la derecha a partir de escenarios regionales cívicos y político-institucionales”, pero Navarro patina cuando deriva en que esa derecha está hoy encarnada por las élites cruceñas “que no representan al pueblo cruceño”, “con la ideología de la Nación Camba que exacerba el orgullo camba… con sentido racial”, con el “brazo coercitivo de la Unión Juvenil que se ha convertido en el organismo de represión racial y de presión a la sociedad para hacer cumplir las determinaciones institucionales como paros cívicos, represión a los indígenas… y sectores que no comulgan con las asambleas de la cruceñidad”. ¿Y todo eso, que se ¿entiende? que se diga por la dialéctica que administra la izquierda (de la que se nutre y alimenta a sus seguidores), lo dice así nomás, sin ruborizarse, el honorable Navarro? ¿De qué coerción y racismo habla? ¿Qué represión a los indígenas ha ocurrido? En cambio, ¿recordará cómo agredieron a los cruceños que danzaron en el corso cochabambino de este año? ¿Dónde está la intolerancia y el racismo actualmente? Navarro termina siendo un buen representante de lo que, entonces, podemos perfectamente señalar como “el nuevo bloque de izquierda”, basado en una estrategia de manipulación de la realidad y la misma estigmatización que achaca a la derecha: esta izquierda, entonces, tiene el mismo procedimiento que una ultraderecha, con lo cual su discurso es paradojal y contradictorio, actitud que hoy nos tiene colapsados y divididos. Camino elegido por la izquierda gobernante para legitimarse ante su target o grupo objetivo, una legitimación rebuscada igual a la que Navarro emponcha a las instituciones cruceñas. ¿Este hecho no es una constatación de la paradojal actitud de esta nueva izquierda? (nueva, en tanto no es la izquierda clásica sino no una ¿enriquecida? con la ideología indigenista). Dependiendo de sus intereses, el gobierno acepta al Congreso o se le antepone; le da a la Constituyente poderes por sobre cualquier institución y se las quita cuando cree conveniente; cree y no cree en las autonomías; habla de integridad del país e introduce la idea de un 10 departamento y remata con proponer 43 autonomías indígenas y provinciales; dice respetar la constitucionalidad y desconoció los 2/3 (retractación lenta); presiona al Tribunal Constitucional y dice ser defensor de las instituciones; los bloqueos son del pueblo cuando son suyos, son sediciosos cuando la oposición los protagoniza; el cabildo cruceño era fomentado por élites divisionistas y el paceño fue sinónimo de bolivianidad, cuando en el primero se pidió respeto a lo legítimo (autonomías y los 2/3), mientras el segundo quiso imponer a la Constituyente lo que debe o no debatir; se proclaman pacifistas y tensionan a Santa Cruz con el desfile innecesario y hasta indebido de los “ponchos rojos”; dicen promover el desarrollo económico y lanzan una ley que desalienta la inversión del agro cruceño (que aporta con el 50% a la alimentación de cada boliviano), desvirtuando un modelo productivo que ha dado elocuentes resultados y jugosos beneficios al país entero… Todo lo cual puede pasar por pruebas de laboratorio y no quedarse en el enunciado, honorable diputado, y no como lo suyo, que se daría de cabeza si tratara de confirmarse recurriendo a la realidad. Sépaselo que la gran mayoría de los cruceños estamos cansados de ese discurso, herramienta que han elegido para gobernar. Entendemos que lo hace porque lo necesita para mantener conformes y muy persuadidos a la aún gran masa de seguidores de Evo. Pero sepa también que una gran mayoría de los cruceños estamos lejos de seguir consignas, como lo hace el MAS. Para concluir, importante agregar este ingrediente: como quizás nunca en nuestra historia, las instituciones cruceñas han tomado la posta representativa, contando (como nunca n su historia) con el apoyo de una gran mayoría de los cruceños, ante ausencia de líderes y el descrédito de los partidos políticos (que Navarro mismo señala), pues éstas han optado (seguramente como nunca en su historia) por apelar a la razón y no a la consigna. A lo que es correcto y no torcido. A lo que es justo y no ilegal. Y ante eso, muy fácil coincidir. Y ante lo que expuso Navarro en su análisis, es muy difícil no disentir.
Un discurso, de este bloque de izquierda alineado con el gobierno, que exacerba, divide, enfrenta, ensucia la cancha, se contradice, falsea (pongámonos un rato frente a canal 7 y asistiremos a noticieros de ciencia ficción, estrategia al mejor estilo de regímenes totalitarios). Un discurso que subestima a “su oposición” y que permite al gobierno seguramente mantener sólido el apoyo de sus fans, pero que repele cada vez más a esos bolivianos, honestamente ajenos a izquierdas o derechas, que no comparten su actitud. Bolivianos que también son “el pueblo”; y que también existen, piensan, quieren.